HERMANDAD NTRA. SRA. DE LOS SANTOS Y SAN SIMÓN DE ROJAS
                       c/ San Antonio s/n (Ermita) 28931 Móstoles
                              Patrona de Móstoles
 
     

HISTORIA DE SAN SIMÓN DE ROJAS
 
 
Nació en Valladolid el 28 de octubre de 1552. Sus padres se llamaron Don Gregorio Ruíz Navamuel y Doña Constanza de Rojas (sus cuadros se conservan en la Ermita). D. Gregorio provenía de una hidalga familia afincada en Reinosa, provincia de Santander y Doña Constanza era mostoleña; ella fue la que donó parte de su casa para que se construyera la Ermita.
 
Andrés Antonio de la Torre, natural de Móstoles y testigo en los procesos sobre la vida de Fray Simón declaró que tuvo en sus manos y examinó la carta de hidalguía de la línea paterna y también asegura que Cristóbal de Rojas y Catalina Fernández de Bétera, padres de Constanza, "son nobles hijosdalgos". 
 
En la catedral de Valladolid, hacia la izquierda en la segunda capilla, hay un lienzoenel que se representa la figura de la Virgen Santísima y la del Beato Simón de Rojas arrodillado ante su Señora.
 
En Valladolid pasa su infancia, junto a sus padres y hermanos: Gregorio,García y Ana. Se Simón se ríen los otros porque es estropajose al hablar, introvertido y muy corto para los estudios. Sin embargo, aventaja a sus hermanos en la devoción a la Virgen y la obediencia a sus padres.
 
El hermano mayor Gregorio, ingresó en la Orden Franciscana, ocupando cargos importantes. 
Fue Obispo electo de Charcas, Perú. La segunda, Ana, sobrevivió a todos, contrajo matrimonio en Valladolid con Francisco Astudillo. El más pequeño García, estudió leyes y llegó a ser corregidor de Cuéllar. Casó con Inés de Salinas, murieron jóvenes dejando varios hijos, dos de ellos profesaron en la Orden Trinitaria.
 
Simón de Rojas no pronunció palabra alguna hasta los catorce meses y entonces las primeras palabras fueron Ave María. Con este extraordinario y maravilloso suceso parece que quiso manifestar el cielo que este niño era elegido para venerar a María; era un enamorado de esta Reina celestial que trabajó con celo incansable para promover su culto y veneración y aquellas palabras: "Ave María" las repitió con frecuencia en todas sus devociones y en todo el tiempo de su vida.
 
Sus padres le cuidaron en cristiana piedad y el correspondía. Cuando tuvo la edad indicada le enviaron a la escuela donde aprendió en poco tiempoo y constante aplicación. Todos celebraban el gran talento pero el menospreciaba las lisonjas del mundo y pensaba abrazar el estado religioso.
 
A los doce o trece años, recibió el hábito de religioso trinitario en el convento de Valladolid donde quedaban admirados los religiosos, de las virtudes en el santo novicio y daban gracias al Señor de que le hubiese traído a su casa para lustre de toda la Orden. Profesó el 28 de octubre de 1572. Después le enviaron sus superiores a Salamanca para estudiar Filosofía y Teología en aquella celebre Universidad. Cuando tuvo la edad prescrita por los sagrados cánones, recibió las órdenes sagradas del sacerdocio y como tenía gran devoción a la Virgen, pidió y consiguió de sus superiores licencia para decir la primera misa en el convento de las Virtudes, que es un monasterio que la Orden Trinitaria custodia en pleno campo, en Castilla-León, donde se venera la imagen de la Santísima Virgen. Ansioso de pasar unos días junto a su madre del cielo pide permiso al superior para hacer una novena antes de volver a Salamanca para proseguir sus estudios.
 
Al despedirse de sus hermanos, estos se quedan estupefactos: ¿no era tartamudo Simón?, se preguntaban, ¿cómo habla ahora perfectamente?, Milagro, milagro. En efecto, eso había acontecido. Así lo declara el gran Maestro Paravicino, íntimo confidente del santo trinitario.
 
Durante estos años (1574-1580) estudia en la Universidad de Salamanca.
En 1577 fue ordenado sacerdote; empieza a ejercitar este ministerio en Villoruela (Salamanca) como capellán de las Religiosas Trinitarias, las cuales cuentas muchas tradiciones sobre la virtud y los milagros del Padre Rojas. 
Aquí es donde apuntan las directrices de su futuro apostolado: su amor a la Virgen Santísima y su servicio heróico para con los pobres.
 
En 1581, Toledo es su residencia. Fue profesor de Teología y Filosofía (1581-1588). Escuchan sus lecciones los que con el tiempo fueron obispos, mártires, catedráticos de universidad... Predicando conmovía a sus oyentes. Eran innumerables los que acudían a él, unos para confesar, otros para emprender una vida devota, otros para consultarle dudas, los enfermos para confesar o para que le impusiese sus manos. Sin pretenderlo, tanto llama la atención de la santidad de su vida que los conventos de la Orden lo quieren de superior. Él no quería, deseaba obedecer y no mandar, pero los superiores le mandaban aceptar por virtud de la santa obediencia. Tuvo que aceptar. Así, fue superior en Cuéllar (Segovia), Talavera de la Reina (Toledo), Cuenca, Ciudad Rodrigo (Salamanca), Medina del Campo (Valladolid), Madrid, Valladolid y Madrid por segunda vez. Ocupa los cargos de provincial de Castilla, Visitador por dos veces de esta misma provincia y una de la de Andalucía. Su educación, su psicología, su amor a los religiosos, su ejemplo permanente de santidad viva fueron las directrices del ejercicio de su mandato.
 
En los conventos que gobernaba como ministro hallaban los religiosos en su prelado un padre de familias, benigno, vigilante, prudente y religios. No mandaba sino lo que él mismo ejercitaba. Jamás faltaba a ningún acto de la comunidad, era tan modesto en todas sus acciones que causaba a todos una edificación y llevaba una vida muy austera y penitente; desde muy joven ayunó a pan y agua tres días a la semana, durante la cuaresma y el adviento y en las vigilias de las fiestas principales y de los santos de su devoción; en los demás días no comía sin hierbas y legumbres, a veces añadía algún huevo, absteniéndose siempre de carne. Jamás se desnudaba de su hábito. Cuando necesitaba algún descanso se echaba vestido en el suelo donde dormía dos o tres horas antes de los maitines a los cuales asistía siempre y después de haberlos cantado pasaba lo restante de la noche en oración y otros ejercicios devotos.
 
Predicaba con mucha frecuencia la palabra de Dios, asistía a los enfermos, recogía limosnas para la redención de los cristianos cautivos, cuyos trabajosle traspasaban el corazón y socorría a todo género de pobres: a las viudas, a los huérfanos, a los ancianos y a todos los mendigos que acudían en muchos número a la portería del convento a buscar la comida que el santo ministro les deba todos los días, previniendo a este fin una olla competente, cuidando con increíble solicitud de buscar lo que se necesitaba para un gasto tan crecido. Dar de comer cada día en la portería del convento y en los claustro a los pobres que lo pidiesen conforme lo había practicado en todos los conventos en que había vivido y aunque acudían a centenares, jamás les faltó, trabajando el beato con incansable desvelo en buscar las limosnas que para este gasto era necesario y cuando faltaba el socorro humano le favorecía el Señor con manifiestos prodigios para que no faltase la comida a los pobres y quedase su siervo consolado y contento; porque era tan grande el consuelo que sentía en preparar él mismo la olla de los pobres y en repartirles a medio día por sus propias manos la comida que decía que engordaba de verlos comer y saciarse. Ama la pobreza y a los pobrs por el seguimiento de Jesús.
 
El Padre Rojas, no concibe la persona de María sino en perfecta unión con Dios. La Virgen Santísima como él la invoca será la razón de su vida. En su espiritualidad cristiana se le compara con San Ildefonso, arzobispo de Toledo y el monje blanco San Bernardo de Claraval.
 
Él piensa que para ser totalmente de Dios como lo es de María, hay que ser esclavo de Dios en María y se declara: "Todo de María" y funda la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María el 14 de abril de 1612.
 
Múltiples fueron las manifestaciones de su amor a María. El saludo del ángel: "Ave María", es el continuo alentar de sus labios. Lo pronuncia como saludo y despedida, al comenzar todo acto, al terminarlo. Lo dice sin razón aparente pero bien concocemos su razón. Lo escribe en todos los papeles, cartas, libros; lo mandó grabar en la portería de sus conventos, en las puertas de las celdas de los religiosos; por su influencia, en la fachada principal del palacio real de Madrid, con letras doradas legibles a distancia, pudo verse por más de un siglo el saludo angelical: Ave María.
 
En sus viajes, cuando descubría en lotananza algún santuario mariano, rebosando gozo espiritual, caía de rodillas y trémulo


 cantaba las palabras resabidas, repetidísimas y nunca gastadas. Luego se llegaba a la casa de María y empleaba largo tiempo en coloquios con la Señora. Sin duda aprendió a tocar el órgano para cantar a María pues fue un buen organista y afinadísimo cantor.
 
En el oratorio de Caballero de Gracia, calle del mismo nombre de Madrid, todos los sábados por espacio de trece años, predicó el P. Rojas sobre la Madre de Dios sin cansarse y sin cansar al auditorio que en toda ocasió abarrotaba el templo.
 
Fue nombrado maestro del Príncipe e Infante en 1619. Toda la fama por las heróicas virtudes del P. Rojas ganaron el respeto y cariño de los soberanos y toda la corte. Felipe III y la reina Doña Margarita, su esposa, le respetaban y veneraban como santo, se confesaban con él y en los sucesos adversos que ocurrían no querían resolver nada de importancia sin su consejo. Cuando trasnfirió su corte a Valladolid quiso el rey que pasase a vivir allí también el beato, pero él tenía que continuar su obra. 
 
Una vez el Rey le visitó en su celda acompañado de los Infantes, sus hijos, edificándose mucho de verla tan pobre y desnuda de adornos. Tenía un lecho pobrísimo, un arca de madera que valdría ocho reales, dos sillas para acomodar a las personas que le visitaban, algunas estampas, una cruz y dos o tres libros. Para componer sus sermones acudía a la biblioteca del convento y decía que en una comunidad todas las cosas debían ser comunes, hasta los libros.
 
Quiso el rey asistir también a la comida que en los claustros del convento daba el beato todos los días a los pobres soldados inválidos y a otros que habiendo acudido a la corte a solicitar el premio de los servicios se habían hecho a la corona, peleando contra los moros en África o contra los herejes en Flandes, no tenían con que subsistir y quedó el monarca edificado de la caridad del siervo de Dios y del celo con que se interesaba por todo lo tocante al real servicio y al bien de la corona.
 
Doña Margarita de Austria, esposa de Felipe III, quiere fundar un convento de religiosas de clausura y pide al P. Rojas parecer en este proyecto. Después de muchos días dedicados a la oración, el santo consejero contesta a la Reina que a su parecer el monasterio debería 
dedicarse al misterio de la Encarnación; que se lo entregase a las agustinas recoletas y además le señaló el lugar más apto para su enclave, que es por cierto el sitio donde existe en la actualidad. 
La Reina entusiasmada ansía comenzar las obras inmediatamente, mas el Padre Rojas le advierte con toda delicadeza que los gastos "no habían de ser a costa del Patrimonio Real, ni de sus vasallos, ni cargando a los pobres nuevos tributos porque esto sería crueldad y se desagradaría Nuestro Señor", que ahorrase "galas", "gastos superfluos", "gustos caprichosos" y "contratiempos", que "con eso sería suficiente". 
 
No sólo se constituye en defensor de los pobres del Reino y vasallos de los reyes, sino que a imitación de Cristo, toma opción por ellos con preferencia a los mismos reyes.
 
Creció aún más la veneración del rey hacia el beato cuando el 25 de septiembre de 1611, la Reina de España, doña Margarita, agoniza en El Escorial, a causa de un parto peligroso. El rey inconsolable porque su esposa lleva muchas horas en coma y los médicos no pueden recobrarla, ve morir a la reina sin recibir los santos sacramentos; manda llamar al beato. Así que llegó al palacio le dijo el rey: "Vea vuestra reverencia como se muere la reina sin remedio y sin recibir los santos sacramentos que es lo que más siento". El beato le consoló y pasando sin detenerse al cuarto de la enferma le dijo en voz alta: "Ave María ¿qué es esto, Señora?". A estas voces la reina que hasta entonces había estado como muerta, como si resucitara respondió al momento: "Gratia plena, P. Rojas" y cobrando todos sus sentidos se confesó con toda quietud, recibió después con mucha devoción el santísimo sacramento y la extremaunción y después asistiendo siempre a su lado el beato, entregó plácidamente su alma en manos de su Creador, con increíble consuelo del rey y de toda su corte.
 
El rey tranquilizado le dice al P. Rojas: "Todo mi poder y mis dominios los pongo ante sus ojos. Pida para vuestra Paternidad, sus parientes, amigos o conventos cuanto se le antoje." El P. Rojas contestó: "Ave María, Señor; tengo vivísimos deseos de fundar la Congregació
n de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María, escriba V.M. al Pontífice para que la bendiga y apruebe... y V.M. se ha de servir con sus altezas de verlo".
 
El Papa Gregorio XIV, Urbano VIII, Inocenvcio X y Alejandro VIII, bendijeron y aprobaron la Congregación del P. Rojas, la cual se extendió por toda España, Francia, Inglaterra, Alemania, Flandes, Polonia, Italia.... llegando hasta América y Asia.
Todavía existe en Madrid la Congregación con capilla, comedores y demás dependencias de su propiedad. El acceso principal lo tiene por la Calle del Dr. Cortezo.
 
Felipe III este piadoso monarca, quiso premiar las virtudes del beato, nombrándole primero para el obispado de Jaén y después para el de Valladolid, su patria, pero rehusó admitir el honor y el rey que conocía la profunda humildad le dejó en paz, pero no pudo librarse de preceptor y ayo de los infantes que le dio el mismo Felipe III en el año 1621 cuando pasó a Portugal. Este cargo de tanto honor le retuvo así un año porque fue nombrado Pronvincial de Castilla el 8 de mayo de 1621 por lo que tuvo que renunciar como preceptor y ayo de los infantes.
 
En el año 1621., el 18 de diciembre fue nombrado Confesor de doña Isabel de Borbón y presentado a la Reina el 1 de enero de 1622. Habiendo fallecido Felipe III en 1622 y asistido hasta el último aliento por el beato, Felipe IV, su hijo, que le sucedió en la monarquía, tuvo el mismo amor y la misma confianza con el P. Rojas que su padre, por lo que le nombró confesor de la Reina Doña Isabel de Borbón, el cual honor admitió el beato con las siguientes condiciones: la primera que S.M. le permitiese continuar las visitas de las cárceles, de los hospitales y de los que se hallaban enfermos en las casas particulares y proseguir todos los oficios de caridad que había 
 practicado con ellos; la segunda que no disfrutase de los honores y distinciones con que se suele condecorar a los confesores de las reinas de España y en consecuencia no usaría coche, ni se le daría el título de reverendísimo, sino el de Fray Simón; y la tercera que no gozaría de la posición señalada a los confesores. La Reina de forma ingeniosa se vale para obligarle a tomar la paga: "los seiscientos ducados de plata... recibiréis, no como salario de vuestro oficio, sino como limosna que yo os doy para que en nombre mío la repartaís entre los pobres". Sólo con esta condición lo aceptó.
 
Iba el beato al palacio andando y vestido pobrísimamente y a veces por no tener capa, pedía prestada a otro compañero. Cuando más se humillaba más le amaban y veneraban los soberanos.
 
Ya había llegado el tiempo en que Dios quería premiar a su fiel siervo con la posesión de la gloria. Tenía 72 años, gozando de buena salud, despidiose del a reina, damas de palacio, hijas espirituales, hermanos religiosos porque tenía que hacer un largo viaje, nadie le preguntó qué viaje era ese y nadie sospechó de su trámite a la eternidad.
 
A últimos de septiembre tuvo una apoplejía tan fuerte que le privó del uso de los sentidos. El sábado 28 de septiembre de 1624, el P. Rojas no asistió a la misa de la Virgen, extrañados los frailes, se dirigieron a su habitación y sobre una manta extendida en el suelo, encuentran al santo, privado de los sentidos. Así permaneció treinta y tres horas. Durante su estado de coma no hizo otras manifestaciones de vida que inclinar la cabeza cuando pronunciaban "Ave María". Murió el 29 de septiembre de 1624.
 
Para la canonización del Beato Simón de Rojas, se reúnen el 24 de marzo de 1988 las personas que se citan para la "Comisión Organizadora" de los actos. Se nombra Presidente de Honor de la Comisión al Ilmo Sr. D. Juan José del Moral Lechuga, Vicario Episcopal y al Ilmo Sr. D. Bartolomé González Llorente, Alcalde Presidente del Ayuntamiento de Móstoles.
Presidente de la Comisión, es nombrado D. Francisco Castillo Hernández, Presidente a su vez de la Hermandad de Nuestra Señora de los Santos y San Simón de Rojas. El cargo de secretario recayó en D. Juan Fernández Aviñó, secretario a su vez de la Hermandad.
Vocales fueron: D. Inocente García de Andrés, arcipreste de Móstoles, D. Primitivo García González, párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Móstoles y capellán de la Hermandad de Nuestra Señora de los Santos y San Simón de Rojas, D. Andrés Rodríguez Borrego, trinitario, vicepostulador de la causa de la canonización y a D. Juan Manuel Ruíz Menendí, trinitario y arcipreste de Alcorcón, D. Antonio Martín Martín, capellán del Hospital General de Móstoles y finalmente al Sr. Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles que aceptó el cargo pero no asistió.
 
La Canonización del Beato Simón de Rojas tuvo lugar el 3 de julio de 1988 por su Santidad el Papa Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro en Roma.
La Hermandad de Nuestra Señora de los Santos y San Simón de Rojas, es la encargada del culto a San Simón de Rojas.
 
Hubo muchos actos con motivo de la canonización del Beato. Se mandó también una carta al Cardenal Arzobispo de Madrid-Alcalá solicitando eleve a Su Santidad el Papa la petición de San Simón de Rojas como Patrón de Móstoles. A lo que el Papa accedió nombrándole co-patrono de Móstoles, junto con la Virgen de los Santos.
 
Se organizó una peregrinación a Roma con motivo de la canonización. El resultado fue muy favorable por el número de fieles, 193 personas y el ambiente fraterno que existió. 
 
El día 28, día de San Simón de Rojas, al término de la Misa se venera el relicario del santo. Este es de plata y piedras preciosas del siglo XVII con la religuia de San Simón, un trozo de carne, adherida a su túnica. Despúes se procede a la subida de la Virgen a su trono, a su camarín, mientras se canta la Salve.
La "subida" de la Virgen a su camarín se hace igual que la "bajada", pero en sentido contrario. Parece que sube al cielo. El preocedimiento que se usa para ello es gracias a un mostoleño que lo ideó y llevó a la práctica, D. Enrique Olarte Fraile a principios del siglo XX como desde entonces se viene haciendo.